Mis piernas colgando por esa ventana en la que tanto tiempo he pasado soñando, contando estrellas, llorando...
Sentía el frío del invierno en mis pies, el aliento de la muerte en mi nuca. Me temblaban las manos. Mi mente estaba inquieta, recordando los tiempos en lo que todo era demasiado fácil.
Pensaba únicamente en las personas que de verdad me han querido. Pensaba en las grandes ciudades por las que he caminado despreocupada.
Pensaba en la muerte. Nunca me habia sentido tan cerca a la vez tan sumamente lejos de ella.
Nadie cogía el teléfono, unos comunicaban, otros estaban apagados o fuera de cobertura. No tuve el valor de dejar un mensaje, siempre esperaba a escuchar el pitído que me indicaba que podía dejarlo, que alguien me iba a escuchar, pero pulsabe la tecla roja que tantas veces he llegado a pulsar.
Mis manos temblaban, notaba el frío viento en mi cara que me golpeaba con furia.
Necesitaba expresarme, necesitaba que me escucharan, pero nadie estaba allí. Estaba sola en esa habitación vacía y a la vez llena de sentimientos, de recuerdos, de noches, de soledad. La oscuridad me absorbía, me consumía como ese último cigarro que entre mis labios pude sentir.
Miré hacia abajo y mis ojos ardiendo llenos de lágrimas que me recorrían mis pálidas mejillas, vieron aquella piscina en la que tantos veranos pasé, aquel cruce que tantas veces atravesé sin tan si quiera mirar, aquel parque en el que tantas veces le besé. Mi alma se descomponía. Miré al cielo y me pregunté si habria otra persona con el alma rota mirandolo también.
Busqué la estrella más bonita, la más brillante, la que tú un día decidiste regalarme prometiendome un "para siempre", esa fue una de la smuchas promesas que decidiste romper sin darte cuenta que a la vez rompías mi corazón.
Puse todas mis fuerzas en recomponerlo, intenté recoger todos los pedazos desperdigados por el suelo, en un vago intento de reconstruirlo.
Pero no pude, necesitaba saltar... y salté.
Salté dejando atrás mi vida, me fuí sin darme cuenta de que ese salto, esa caída, iba a ser para siempre; mi alma se esfumó, mis recuerdos desaparecieron sin dejar rastro y nunca más pude volver a contar estrellas, a soñar, a besarle, a reir, ni tan si quiera a llorar.
Tan solo salté. Tan solo me fuí. Y eso si que fue un "para siempre" de los de verdad.

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