Estaba asustada. Estaba cansada, casi no podía ni andar, subía esas escaleras mecánicas, peldaño a peldaño con la cabeza en mil cosas a la vez. Cerraba los ojos y trataba de calmarme. El miedo se apoderó de mi cuerpo, era él el que lo controloba, el que lo movía. No podía pararme. Abrí esa pesada puerta con las letras de "SALIDA" en verde, y noté una fuerte ráfaga de viento frío que me recorrió de pies a cabeza. Salí por fin de aquel sitio, me sequé las lágrimas y me recogí el pelo rápidamente. Me paré. Me paré y observe a toda aquella gente pasar, algunos iban con prisas por llegar a casa después de un largo día de trabajo, otros estaban vestidos para pasar las noches de sus vidas y ahí estaba yo, sola, asustada y sin lugar a donde ir. Rebusqué en mi bolso esa cajetilla de tabaco rota y saqué un cigarrillo, lo encendí y le dí una calada esperando que eso me tranquilizase, pues solo me puso más nerviosa. Tenía frío y no podía volver a mi casa porque ahí las cosas iban a ser mucho peores que quedarme la noche en la calle. Comenzó a llover y pensé que ya nada podría ir peor; estaba hecha un desastre, el pelo empadado, la ropa hecha un asco, el maquillaje mal esparcido y sólo deseaba estar resguardada y que nada de esto hubiera ocurrido. Sólo deseaba no haberme ido de casa, no haber gritado a mis padres y no haberles hecho tanto daño.
Me senté en alquel frío suelo, encharcado de agua y cerré los ojos, sin más. No recuerdo cuanto tiempo paso desde aquello, solo se que fue mucho. Cuando mi esperanza se habia ido, mi moral estaba más allá de lo subterráneo y la muerte me acechaba tentadora como aquella deliciosa manzana que la tentación le ofreció a Adán y Eva, escuché el sonido de aquella moto, no podía ser otra, abir los ojos y de un brinco me levanté, no podía creer lo que estaba viendo, ahi estaba esa moto roja y negra, esa moto tan familiar y lo más importante.. ahí estaba él. Se acercó corriendo y sin decir nada me besó, un beso único bajo la lluvia, cálido, noté sus labios suaves contra los míos, esa efusividad y pasión que querían decirme que ahí estaba el. Me abrazó y me susurró al oído que nunca estaría sola, nos subimos a la moto y me llevo a su cálida casa y, sin duda, puedo decir que fue el mejor día de mi vida.

Escribes muy bien! Siguelo parece el comienzo de un libro! te sigo! :D
ResponderEliminar